Los presentes sucesos reflejan el contexto internacional y local de los tiempos que se vienen. Hoy en Geopolítica y Actualidad Nacional escribe Ariel Duarte. 


#1 - La geopolítica del arancel

La nueva fecha límite elegida por Donald Trump para la negociación país-país de los términos del comercio exterior se cumplió el pasado 1° de agosto. Los aranceles anunciados el 2 de abril, en el famoso Día de la Liberación, entrarán en vigor, según los acuerdos alcanzados, siete días luego de emitida la orden ejecutiva, a excepción de Canadá que se aplicarán de inmediato.  

El 2 de abril se había anunciado la emergencia del sector externo de los Estados Unidos, por la cual el presidente acusaba a un sector de la clase dirigente norteamericana a financiar el desarrollo de potencias extranjeras, a costa del empobrecimiento del pueblo norteamericano y de la destrucción de su aparato productivo. 

El objetivo de los aranceles es afrontar la deficitaria balanza comercial norteamericana con el resto del mundo, que se había agigantado en su déficit a raíz del globalismo y los acuerdos de libre comercio imperantes desde la década del 70’.

Luego de noventa días de negociaciones tras suspender los aranceles originales del 2 de abril, se informaron a través de cartas a las distintas autoridades nacionales los nuevos aranceles, ya sean por acuerdo o por imposición. 

 

En la tabla observamos que existieron distintos acuerdos formalizados con algunos de los históricos socios de Estados Unidos, muchos de ellos que contaban con un comercio de bienes superavitario respecto de la potencia. 

En particular, los primeros en acordar fueron el Reino Unido y los últimos fueron los de la Unión Europea, quienes se vieron beneficiados en el primer caso por limitar la sobretasa al 10%. Mientras tanto, la UE pudo reducir la nueva sobretasa del 20 al 15%; aunque todos lo interpretaron como una capitulación tras meses de vociferar la catástrofe económica inminente si se avanzaba en romper el libre comercio global. 

En el caso de Canadá, los nuevos aranceles se incrementaron hasta un 35%. Este antiguo aliado de Estados Unidos se vio envuelto en el debate electoral a raíz de las declaraciones de Trump, quien propuso incorporar a Canadá como un nuevo Estado de la federación norteamericana. Dicha propuesta implicaría, en el fondo, una ruptura simbólica con el Reino Unido, considerando que Canadá sigue siendo una de las principales joyas de Su Majestad dentro de la Commonwealth. 

México, otro socio histórico, quedó en suspensión para la aplicación de aranceles, con noventa días extra para negociar los nuevos términos. 

El caso de India fue notorio, las nuevas tasas a aplicar de arancel ascienden al 25% y Modi, su presidente, asistió al Salón Oval a firmar los acuerdos. 

Uno de los países que más sufrió hasta ahora es, en definitiva, el más rico del mundo. Hablamos de Suiza, al cual Trump ordenó la aplicación de tasas extra en el orden del 39%, con especial énfasis en la importación de medicamentos y chocolates. 

Taiwán, pese a su alianza con Occidente por su rivalidad con la República Popular China, también sufrió el azote de los aranceles, con tasas extra del 20%, aunque las originales del 2 de abril alcanzaron el 32%. 

La situación de Brasil es otro tanto dramática, en tanto sus relaciones carnales con China motivaron a Trump a aplicar un arancel extra de 50%. Este consistió en un 10% por la regla general aplicada a naciones con superávit favorable, más el 40% aplicado por los vínculos políticos con el gigante asiático. 

Uno de los datos que más inquieta al sector globalista es el impacto positivo que los aranceles han tenido en la recaudación fiscal de Estados Unidos. Contrariamente a lo anunciado por los voceros del liberalismo -que vaticinaban una caída del empleo, una recesión inminente y una crisis de deuda derivada del deterioro en los términos de intercambio-, ninguno de esos escenarios se materializó. 

Las cifras mostraron que la recaudación promedio de Estados Unidos por derechos aduaneros casi se triplicó, justamente en el marco de una política orientada a mejorar la balanza comercial.

Si bien en el corto plazo aumentó el déficit, ello se debió a que por la decisión de suspender la aplicación de los aranceles tras el 2 de abril, los importadores norteamericanos se apresuraron a comprarle al mundo todo tipo de bienes de forma previa a aplicarse las nuevas tasas. 

 

Sin embargo, ese pico de recaudación se estabilizó posteriormente, alineándose con los niveles habituales de importaciones. Con la implementación del nuevo esquema arancelario, es probable que el crecimiento se traslade ahora al sector exportador, favorecido por la mejora en los términos de intercambio. 

El nuevo orden internacional ofrece una oportunidad única para la Argentina, en tanto Estados Unidos oza aplicar aranceles a todo el mundo porque cuenta con los requisitos fundamentales para negociar. Los mismos, en mayor o menor medida, también posee nuestro país: alimento y energía suficiente para abastecer su mercado interno, y una capacidad científico tecnológica para su desarrollo industrial.  


#2 - Reflotar fracasos

La historia difícilmente pueda repetirse, las circunstancias cambian con los tiempos, de igual modo que lo hacen los seres humanos. 

En definitiva, el pasado es una impresión que tenemos en el presente sobre acontecimientos que ya ocurrieron, que no podemos modificar y de los cuales tampoco tenemos la certeza sobre cuáles fueron todos sus aspectos que los motivaron. 

Ahora bien, esa impresión que se genera en el presente, muchas veces ayuda a construir un contexto imaginario  que nos sirve de armadura para avanzar. En tiempos de escepticismo y hedonismo, viene a reemplazar el lugar que debe ocupar el espíritu, que no se sirve de ilusorias impresiones, sino de la energía que nos conecta con todo lo que está vivo. 

Nuestro presente, crea nuevas impresiones sobre un pasado que los argentinos ya vivimos, aunque en otro contexto y en otras circunstancias. 

Comenzada la década del ‘80, el modelo económico que había desembarcado con el gobierno de la última dictadura cívico militar era el de la desregulación, la apertura comercial y la destrucción del aparato industrial; con el objetivo de destruir el poder del movimiento obrero organizado. 

Dicho modelo necesitaba de un constante ingreso de dólares para financiar el aparato represivo y la destrucción de la economía real. En los primeros años de la dictadura el endeudamiento externo fue a través de los famosos petrodólares, un excedente en la capacidad de préstamo de los bancos privados intencionales por la suba del petróleo de 1973. Este necesitaba ser colocado en el mundo para que no colapsara el sistema por exceso de oferta de dinero. 

Las economías de la periferia, en particular las que fueron sometidas a dictaduras antinacionales, fueron las predilectas para absorber esos petrodólares. A su vez, los dólares que ingresaban eran colocados por el Banco Central como reservas en el exterior a cambio de una tasa de ganancia por sacarlos del país. 

En paralelo, la “Tablita Cambiaria”, permitía a través del Banco Central conocer cuál iba a ser la devaluación de la divisa dólar, que cobraba protagonismo en la economía nacional a partir del aumento de las necesidades de dólares para el repago de la deuda contraída durante años. 

El ingreso de los petrodólares fue a su vez aprovechado por el sistema financiero, que a través de sus funcionarios en el Ministerio de Economía y en el Banco Central promovieron tasas extraordinarias en pesos. Luego por la devaluación programada a un ritmo menor al de las tasas, proveía de ganancias financieras exorbitantes en el mercado doméstico. Un fenómeno al cual se lo llamó la “Bicicleta financiera”. 

El problema sobrevino en 1979, cuando la Reserva Federal de los Estados Unidos y la banca inglesa comenzaron una escalada de la tasa de interés internacional de referencia, que pasó de 5% a casi el 20% en poco tiempo. 


Eso significaba una aspiradora de los dólares de todo el mundo hacia los principales centros financieros, en tanto las potencias garantizaban una tasa extraordinaria a quienes llevaran sus capitales a comprar los bonos del tesoro norteamericano o inglés, en vez de dejarlos en la periferia del mundo. 

El aumento de la tasa de interés internacional disparó los costos del financiamiento argentino y volvió prácticamente incumplibles los contratos de deuda firmados con bancos comerciales privados. Estos acuerdos, alimentados por los petrodólares, habían sido estructurados -como era de esperarse- a tasa variable y atados a referencias británicas o estadounidenses. 

En definitiva, el cóctel explotó en 1980. El gabinete económico había entrado en crisis por la caída de reservas, la salida de dólares permanente del sistema, el agujero fiscal que suponía el pago de los intereses y el fracaso político de ser una dictadura cívico militar. La cual contando con todo el poder de la fuerza y la opinión pública, se había puesto a la economía de sombrero en pocos años, una economía pujante que venía del pleno empleo y de un modelo industrial que satisfacía nuestras necesidades domésticas. 

Allí empezaron los manotazos. Lo que antes se hacía mediante la persuasión se empezó a realizar mediante órdenes legales. 

Las empresas públicas, que habían sido sobreendeudadas a través de los créditos de los petrodólares, ya no podían soportar mayores niveles de deuda. Frente a ello, el Ministerio de Economía optó por publicar la famosa Resolución N° 170/80, que fue el principio del fin de la dictadura. 

La Resolución obligaba a todas las empresas y reparticiones públicas a tomar créditos según las necesidades de financiamiento del Tesoro Nacional, más allá de los balances o de la capacidad crediticia que las mismas tenían. 

Lo que se hacía desde el comienzo de la dictadura de manera informal, fue regulado con una Resolución, que a su vez obligaba a los entes públicos a informar cada mes la frontera de financiamiento a la cual podían ser sometidos.  

La Secretaría de Coordinación y Programación Económica del Ministerio de Economía (Guillermo Walter Klein, que era como el viceministro), tenía la facultad de elaborar trimestralmente los márgenes de endeudamiento que podían adoptar las distintas entidades públicas.

El endeudamiento era en dólares y con la banca comercial extranjera a través de créditos sindicados. Las divisas ingresaban al Banco Central y éste giraba el equivalente en pesos a las empresas del Estado. Las deudas debían afrontarlas luego las empresas públicas, en moneda extranjera y se las incorporaba como parte del pasivo de sus balances.

A modo de ejemplo, Ferrocarriles Argentinos SE aumentó su deuda desde 1978 a 1982 en 329,10%, es decir, más de 4 veces. 

Por último, a través de la Cuenta de Regulación Monetaria, el gobierno cívico militar contaba con un sistema de redescuentos a través de la cual el Banco Central abonaba un interés por el efectivo mínimo que los bancos declaraban en su poder, conforme a los “encajes” que exigían. Es decir, el porcentaje de los depósitos que las entidades financieras, como bancos, deben mantener como reserva y no pueden utilizar para prestar dinero. 

La Cuenta Regulación Monetaria fue el instrumento utilizado para promover la suba de encajes y obligar al sistema financiero a limitar los préstamos al sector privado, para que pudieran ser absorbidos por el Tesoro y el Banco Central. 

Ahora volvemos a la actualidad, de la mano de dos noticias que nos dan cuenta del manotazo de ahogado al cual recurren los gobiernos cuando están en la antesala de la crisis. 

En los últimos años, fueron dos los gobiernos que acudieron a las mismas prerrogativas como las utilizadas por Martínez de Hoz con la Resolución N° 170/80. El momento actual es aún más grave, pues ya ni se puede obligar a tomar deuda externa, porque no existen oferentes, sino que la obligación es a comprar títulos de deuda en pesos del propio Tesoro Nacional. 

El primero fue Alberto Fernández, allá por el año 2022, cuando mediante Decreto N° 712/22 resolvió que el Sector Público Nacional, incluídas las empresas públicas y fondos fiduciarios, estarían obligados a atender las necesidades de deuda financiera del Tesoro Nacional, a partir de su flujo de dinero mensual no gastado. Con ese Decreto se las obligaba a informar cada mes la disponibilidad de sus fondos no ejecutados, los cuales debían destinarse a la compra de títulos públicos de deuda, bajo pena de no recibir nuevas transferencias del Tesoro para ejecutar sus presupuestos. 

El segundo caso es el del Ministro de Economía Luis Caputo, que a partir de la reciente Resolución N° 62/25, publicada el 30 de julio en el Boletín Oficial, regla un procedimiento por el cual organismos y empresas públicas deberán informar sus movimientos financieros a fin de “invertir sus excedentes transitorios de liquidez, no incorporados a la Cuenta Única del Tesoro, en las licitaciones de Títulos Públicos y/o Letras del Tesoro que realiza periódicamente el Tesoro Nacional”.

En paralelo, se promovió a mediados de julio la suba de encajes (el dinero que los bancos deben mantener en el Banco Central y que no pueden prestar al público), de un 20 a un 30%, y luego el jueves pasado -último día del mes- se volvieron a subir al 40%. 

A la par, el equipo económico promovió las subas de tasas de referencia a través del Banco Nación, pasando la del plazo fijo de 33 a 34,5%, la tasa del adelanto de cuenta corriente del 51 al 58% anual, la del descubierto de cuenta corriente del 70 al 77% anual, y en los casos de no contar con solicitud previa tendrán un costo financiero total del 104%. 

En general, las distintas tasas activas, es decir, las que cobran los bancos por créditos y líneas de financiamiento, se quintuplicaron tras elevarlas en 700 puntos básicos. 

Las medidas adoptadas por el equipo económico apuntan a endeudar aún más al sector público y a canalizar los fondos del sistema financiero a financiar al Tesoro Nacional, en vez de a la producción, al trabajo o a la vivienda. 

En definitiva, se trata de los mismos manotazos de ahogado que Argentina ya transitó en los años 80, cuando los mismos problemas inflacionarios, cambiarios y de cuenta corriente deficitaria azotaban la economía nacional golpeada por la apertura comercial y la destrucción del aparato productivo. 

El triste final de la crisis se agiganta cuando estas medidas desesperadas lejos están de resolver el centro de la cuestión, que es la falta de un modelo orientado a la producción y al trabajo, únicos creadores genuinos de riqueza.  

El tiempo nos dirá cuando el final de este esquema económico se materialice. 


#3 - Campeonas del mundo

Argentina vuelve a coronarse de laureles, esta vez en el mundial de Taekwondo ITF celebrado en Barcelona el mes pasado. 

El seleccionado juvenil femenino obtuvo el campeonato mundial en la modalidad de formas, mientras que la selección masculina obtuvo la medalla de oro en combate por equipos. 

Las dos gladiadoras que se coronaron en el equipo femenino fueron las hermanas Jazmin y Delfina Weffling, quienes destacaron el valor de todo el equipo: “Gracias a cada una de ellas fue que estamos acá”. 

Argentina nuevamente se posiciona en los ranking internacionales del Taekwondo, con un nuevo título que impulsa el desarrollo de este deporte en nuestra Patria. 

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