Los presentes sucesos reflejan el contexto internacional y local de los tiempos que se vienen. Hoy en Geopolítica y Actualidad Nacional escribe Ariel Duarte.
#1 - El día de la Restauración
Este 9 de Julio llega el día. Sí, además de las 300 camperas que vamos a compartir el miércoles en Plaza Congreso, se cumple también el plazo fijado por Trump para las negociaciones internacionales. Todo comenzó aquel ya célebre 2 de abril, cuando anunció aranceles para todos y todas y pateó el tablero de la economía global.
La fijación con Argentina en las fechas elegidas fue absoluta. Se trató de dos jornadas profundamente simbólicas para nuestro pueblo: el 2 de abril, cuando recordamos la batalla de una gesta aún viva por la recuperación de nuestras Malvinas; y el 9 de julio, cuando el sueño sanmartiniano de libertad se plasmó jurídicamente en las Provincias Unidas del Río de la Plata.
En lo que respecta a Estados Unidos, todo arrancó en 2017, cuando China y la Unión Europea se encontraron con que un sector de la clase dirigente norteamericana, decidió cortar con la historia de ser el gendarme global de las trasnacionales y los bancos, en salvaguarda de un sistema que sólo perjudicaba a su pueblo.
Lejos de potenciar la economía norteamericana, los años del globalismo fueron aprovechados por el Lejano Oriente. Muchas corporaciones transnacionales decidieron desmembrar o tercerizar sus cadenas productivas y de distribución, y la economía pasó a ser una telaraña infinita de sociedades que cotizaban en bolsa y aprovechaban el financiamiento barato del mercado financiero.
El sistema de la tecno finanza global se lo fue comiendo todo. Primero destruyó la economía productiva de las naciones europeas, dejando sólo como preciada joya -y tapón de Rusia- a Alemania y Francia.
A fines de los 90, la prensa inglesa comenzó a denominar Pigs a las naciones perdedoras de Europa, por los nombres en inglés de Portugal, Italia, Grecia y España. Como no les alcanzaba con referirse a esas naciones como cerdos (pigs), también les decían Gipsy (gitanos) o Figs (higos). Las señalaban como los parásitos gastadores que eran un costo fiscal para la estabilidad financiera europea.
Estos países pasaron a convivir en forma estructural con una desocupación juvenil del 30%. La unión continental fue la derrota de sus industrias, el desembarco de los productos asiáticos y los magnates árabes. Poco a poco las familias se acostumbraron a que los hijos estudien sin trabajar hasta el final de sus carreras y que, por supuesto, hasta los 35 años no se fueran de la casa familiar o si se iban lo hicieran viviendo en habitaciones compartidas.
Por su parte, el pueblo norteamericano, al cual le habían prometido que si la globalización and democracy se imponían en el mundo ellos iban a vivir en paz, conoció también la segunda peor desgracia que una comunidad puede padecer: el desempleo y, por tanto, la disgregación social.
La primera desgracia es el infierno, cuya manifestación es la guerra. Según Clausewitz: “La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas por otros medios”. El problema político que hace varios siglos conduce a los pueblos al instrumento político de la guerra, ha sido el desempleo.

Las guerras desde hace 400 años han sido comerciales. Se disputan qué naciones serán los talleres del mundo y cuáles quedarán relegadas al rol de proveedoras de materias primas y consumidoras de bienes importados.
Las divisiones internacionales del trabajo son el resultado de una configuración geopolítica, y los países ven cómo sus economías son conducidas a la falta de competitividad y la desocupación estructural de un sector de la población.
Cómo gobernar es crear trabajo y el gobierno es uno de los instrumentos de la política. Naturalmente la falta de soluciones pacíficas llevan a considerar la destrucción de las capacidades de defensa del enemigo, para obtener una nueva posición ventajosa en el concierto internacional.
En vez de optar por una confrontación violenta, el sector de la clase dirigente norteamericana que vino a resolver las contradicciones del globalismo optó por iniciar una confrontación comercial con el gigante asiático, China. Los aranceles sobre sus productos alcanzaron los 370 mil millones de dólares, un PBI Argentino.
Se impusieron aranceles adicionales a las importaciones de acero y aluminio, entre ellos China, la Unión Europea y Canadá, el patio trasero de Inglaterra en América del Norte.
Durante 2018 y 2019 se trabajó en un sistema de aranceles reactivos contra distintos productos chinos y europeos, bajo el manto de la competencia desleal, el dumping, la propiedad intelectual o la protección tecnológica.
Por otro lado, se apostó al reordenamiento regional de América del Norte, con la firma del nuevo tratado con México y Canadá, USMCA. Dentro de Estados Unidos, se aprobaron paquetes de incentivos fiscales y exenciones arancelarias a distintos sectores de la manufactura, todo bajo el lema América Primero.

¿Qué pasó el 2 de abril y qué pasará el 9 de julio?
Se denominó Día de la Liberación y fue presentado como el acta de declaración de la independencia económica norteamericana; algo similar a la declaración que Perón había concertado con los gobernadores argentinos desde Tucumán el 9 de julio de 1947.
La decisión de Trump implicaba patear el tablero del comercio mundial y nacionalizar el comercio exterior. Hasta ahora, se desarrollaba entre empresas, sus casas matrices y filiales o acuerdos corporativos, mediados por un sin fin de intermediarios del sector financiero y una arquitectura moldeada entre la Organización Mundial del Comercio, su tribunal CIADI y los famosos TBI.
El anuncio del día de la liberación se instrumentó con la Orden Ejecutiva 14.257, que declaró la emergencia nacional por el “persistente déficit comercial” y anunció una política de aranceles recíprocos y universales.
Los universales consistían en un 10% a casi todas las importaciones, y los adicionales específicos eran para 60 países, entre el 11 y 50%, calculados por dos principales variables, la reciprocidad de los aranceles fijados por la nación contraparte y el déficit comercial que pudiera llegar a haber.
La reacción del sector financiero fue catastrófica: desplome bursátil y anuncios de una futura inminente presión inflacionaria y recesión, que sirvió al jefe de la Reserva Federal -el banco central norteamericano, que controlan los bancos privados- a desoír los pedidos de bajar la tasa de interés para fomentar la producción y el trabajo.
Luego de que el establishment financiero y mediático anunciara una inminente catástrofe económica, y mientras líderes de todo el mundo -vinculados a la socialdemocracia o al neoliberalismo- calificaran la política económica propuesta como 'anticuada' o incluso 'una locura', el presidente Trump finalmente anunció una pausa en el paquete arancelario para dar lugar a negociaciones comerciales bilaterales con cada país. Se previó un término de 90 días para las negociaciones, contados a partir del 2 de abril, cuyo plazo finaliza esta semana, el 9 de Julio.
Los llamados a la cancillería norteamericana llegaron de todos lados. Sin embargo, hasta ahora las negociaciones fueron infructuosas para la mayoría. Los términos de negociación de Estados Unidos son implacables en la búsqueda de equiparar las balanzas comerciales con las naciones.
El problema comercial de déficit en los términos de intercambio tienen larga data; aunque hasta ahora el sector financiero internacional optaba por engrosar la deuda pública norteamericana y aumentar los impuestos para cancelar los intereses, como método para financiar el déficit.
Si bien se anticipa que los aranceles anunciados el 2 de abril se oficialicen el miércoles con algunas pequeñas modificaciones en cuanto a sus porcentajes, probablemente las negociaciones continúen.
El primer gran avance fue en términos de defensa, en tanto el acuerdo arribado en la Cumbre de la OTAN, comprometió la aceptación de la Unión Europea a los términos planteados por Estados Unidos, en relación a que los Estados de Europa aumentaran sus presupuestos en defensa y dejaran de ampararse en las capacidades militares del gigante del Norte.
Estados Unidos también puso sobre la mesa la cuestión del Brics, que se presenta ante el mundo como la alternativa de alianza geopolítica y comercial a Estados Unidos, y anunció aranceles adicionales de 10% para quienes apoyen a este bloque. En enero de este año, Trump había declarado que quienes decidieran imponer una nueva moneda para comercializar se enfrentarían a aranceles del 100%.

Los únicos acuerdos importantes alcanzados con Estados Unidos vinieron por parte del Reino Unido y de Vietnam. En el primer caso, se firmó en junio una reducción de los aranceles sobre los automóviles británicos del 27, 5 % al 10%, y se eliminaron los aranceles sobre motores y piezas de aeronaves británicas.
El otro país que alcanzó acuerdo fue Vietnam, el pasado 2 de julio, por aranceles del 20% y 40% cuando el comercio viniera de un trasbordo de terceros países.
En el caso de China, se anunció una tregua de aranceles recíprocos de 55% a los productos chinos y de 10%, por parte del gigante asiático, a los productos que ingresen de Estados Unidos. Asimismo, se determinó una tregua por otro mes más para alcanzar un nuevo acuerdo “final”.
¿Qué hay detrás del proteccionismo y los aranceles?
Suelto de cuerpo, el ministro de economía de Brasil, Fernando Haddad, proveniente de la socialdemocracia, sostuvo que el proteccionismo de Trump era un “mercantilismo tardío”.
En general, estamos acostumbrados a tildar todas las decisiones de Trump como arrebatos de un loco o un autócrata, casi como un espejo del pasado oscuro del nacional socialismo del siglo XX.
Sin embargo, en numerosas ocasiones el presidente norteamericano Trump explicó la fundamentación teórica en materia histórica, jurídica, económica y política, sobre el proteccionismo y los aranceles de los que tanto se habla.
En 2018, ante el Foro de Davos -el hogar del globalismo- sostuvo que:
“Los aranceles son una forma de recuperar dinero de países que nos han tratado de manera injusta durante muchos años. [...] Los aranceles generan ingresos para nuestro gobierno y, al mismo tiempo, protegen nuestra industria y nuestros empleos. Esto es lo que hizo a Estados Unidos un país fuerte en el pasado y es algo que debemos retomar”.

En este sentido, se presentaba la política arancelaria como una restauración de la grandeza del pasado. Luego en una entrevista ante Fox News en el mismo año, agregó que los aranceles en materia de finanzas públicas son:
“Una fuente directa de dinero para el país. Al poner aranceles, ya no necesitamos recurrir a los impuestos sobre la renta de las personas. Eso es lo que debería ser el futuro, y estamos demostrando que funciona”.
Allí aparecía la primera contraposición teórica en política económica, enfrentando a los aranceles con los impuestos como métodos de financiamiento del Estado.
En términos históricos, Trump cumple la función del Restaurador, volver a los tiempos de la independencia y la creación de los Estados Unidos. En efecto, en 1790 el 95% de los ingresos federales provenían de aranceles, un modelo que se mantuvo por un siglo y fue defendido por Hamilton, Washington, Jefferson, Jackson y Lincoln, quienes defendían tales contribuciones como fuente de ingresos y una expresión de soberanía económica.
Lincoln consagró esta idea en una de sus frases más recordadas: “Doy preferencia al sistema que dice que cuanto más se produce, más se consume y más se paga al trabajador — y eso son los aranceles”.
La batalla de Caseros para Estados Unidos vino de la mano de la Enmienda Constitucional N° XVI de 1913, cuando se autorizó el impuesto federal sobre la renta sin requerimiento de proporcionalidad entre Estados. Fue una ruptura con el sistema anterior que se sostenía de aranceles e imposiciones indirectas.
Las fuentes principales de los ingresos del Estado, al calor del surgimiento de la Escuela Austríaca, pasaron a ser los impuestos sobre la renta, corporativos y contribuciones a la seguridad social, buscando en contrapartida eliminar toda barrera comercial o arancelaria tanto a productos como a los capitales.
Mientras que el sistema arancelario hace pagar las cargas públicas a las empresas y trabajadores del extranjero, en el sistema impositivo las cargas públicas son soportadas por el propio pueblo.
Trump convoca a una revolución restauradora del sistema económico, basado en el trabajo y la producción. En esta visión, la carga impositiva recae sobre el intercambio comercial, en contraste con el modelo liberal que lo precede, donde el único patrón -y Dios- es el dinero.
#2 - Hace frío y falta gas
Durante la semana pasada el sistema de transporte y distribución de gas natural fue declarado en estado de emergencia.
El suministro de GNC fue interrumpido en siete provincias y la ciudad de Mar del Plata, que en la distribución siempre es el nodo más afectado frente a un faltante, sufrió un corte masivo.
El gobierno optó por anunciar la unificación del Ente Nacional Regulador de la Electricidad y el Ente Nacional Regulador del Gas, aunque sin precisar el motivo, un cambio de organigrama evitaría futuros colapsos del sistema. Cuando, precisamente, el problema es la falta de inversión en la finalización del gasoducto Néstor Kirchner -ahora denominado Perito Moreno-.
La obra faltante es la Planta Compresora en la localidad de Las Armas, avanzada en un 80% e interrumpida desde el año pasado.

La ola de frío disparó el consumo de gas residencial, mientras que la política energética del gobierno consiste en exportar todo lo que se pueda, en detrimento de garantizar el abastecimiento interno.
En esa misma sintonía, el gobierno también decidió eliminar la Garrafa Social, que posibilitaba el acceso a un precio popular del gas envasado por parte de las familias humildes.
La otra cuestión que originó la crisis de gas, que todavía persiste, es el modelo de negocios elegido por YPF desde el desembarco en Vaca Muerta. La desinversión en áreas convencionales de gas viene desde hace más de una década, aunque en el último año con el Plan Andes directamente se optó por comenzar a desmantelar la producción por fuera de la fractura hidráulica o el shale.
YPF desde el último año dejó de operar en pozos convencionales que tenía en Chubut, Santa Cruz, Río Negro, Tierra del Fuego y Neuquén, vendiendo la explotación de los yacimientos a distintas empresas privadas ligadas al poder político y económico, como la firma Bentia del ex ministro de Energía de Macri, Javier Iguacel, que con un capital de 7,5 millones de pesos se quedó con una concesion de activos por 100 millones de dólares.
La contrapartida de todo son las consecuencias sociales del frío extremo, que en un país azotado por la pobreza ha devenido en una crisis humanitaria inminente.
Según una investigación publicada en la revista científica The Lancet Planetary Health, en cuarenta y tres países y entre 2000 y 2019, las muertes por temperaturas frías fueron nueve veces mayores a las provocadas por el calor extremo.
De las 5,1 millones de muertes anuales relacionadas a temperaturas, se observó que 4,6 millones se deben al frío.
En la Argentina, contamos con pocos datos certeros sobre las muertes asociadas al frío por parte de quienes viven a la intemperie o en condiciones de hacinamiento.
Una de las últimas cifras difundidas vino de parte de la Asamblea Popular por los Derechos de las Personas en Situación de Calle y el grupo Sociabilidad en los Márgenes de la UBA, que cada invierno elaboran un registro propio.
Según estas organizaciones, 63 personas en situación de calle fallecieron por frío durante la última ola polar, de las cuales 13 fueron en la Ciudad. Muchas veces, el frío es el corolario de toda una situación de abandono e insalubridad.
Sin embargo, el peligro es cada vez mayor, en tanto son decenas de miles quienes viven en la calle sólo en la Ciudad de Buenos Aires. Organizaciones sociales registraron 11.892 personas en situación de calle en la Capital Federal según el último informe publicado esta semana. Un cuarto de los consultados dijo que perdió su alojamiento este año. Allá por 2017, el mismo Censo había contado 3.560 personas, para 2019 ya eran 7.251.

La situación social que atraviesa nuestra Argentina es dramática e impone soluciones conjuntas de toda la comunidad. Esto va más allá de la presencia del Estado, en tanto la recuperación del trabajo, de la industria, de los clubes y los espacios de contención social debe ser una tarea conjunta de todos.
#3 - Lechuga en la Antártida
Esta vez el bronce fue para un ingeniero agrónomo, Jorge Birgi. En 2015, recibió un correo en la Estación Experimental Agropecuaria Santa Cruz del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, con una propuesta impensable: cultivar en la Antártida para mejorar la alimentación de quienes allí prestan servicios para la Patria.

Se llamó al prototipo Módulo Antártico de Producción Hidropónica (MAPHI). Diez años más tarde, en tres bases antárticas hoy se produce verdura durante todo el año: Marambio, Esperanza y Belgrano II.
En el proyecto colaboran la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, el EEA Santa Cruz del INTA, el Comando Conjunto Antártico (COCOANTAR) y la Dirección Nacional del Antártico. El EEA Mendoza del INTA evalúa las semillas que ingresan en la Antártida.
En 2018 fue cuando el ingeniero tucumano del INTA subió al Hércules con destino a la base Marambio. El primer módulo recién se instaló en 2022 en Marambio, luego en 2023 se instaló en Esperanza.
Los módulos hidropónicos permiten cultivar rúcula, lechuga morada y verde, cilantro, perejil, acelga, radicheta, albahaca y rabanitos.
El cultivo tiene dos formas, el de ciclo completo y los microgreens, que son pequeños germinados de la altura de una mano y con un ciclo de 12 a 15 días, la mitad del otro.

La cosecha alimenta tanto con verduras frescas como con productos destinados a la preparación de conservas. Por otro lado, el ingeniero Birgi sostiene que los beneficios son tanto para la mejora de la alimentación como para su impacto psicológico, “buscando la autoproducción de alimentos frescos donde la logística es complicada”.
Desde el INTA de Santa Cruz, explicaron que:
“Este sistema no solo mejora la calidad de vida en las bases antárticas, sino que también pone a prueba equipos, componentes y diseños en un entorno extremo. Esto abre camino a desarrollos tecnológicos aplicables a otras regiones con dificultades similares: suelos pobres, temperaturas extremas o estaciones de cultivo muy acotadas”.
Estos módulos están preparados para producir dentro de contenedores marítimos y tienen hasta tres niveles. Uno de los prototipos del módulo se encuentra en la sede del campus universitario de Río Gallegos, a disposición de su comunidad, donde se realizan capacitaciones para utilizarlos.
En la Base Belgrano II, el módulo se colocó tras un ventanal conectado con el comedor donde los trabajadores se encuentran para cada comida.
La experiencia y capacidades técnicas de nuestro pueblo constituyen un antecedente fundamental para nuestro Continente, en lo que respecta al cultivo en entornos adversos. El desarrollo de los módulos podrá ser en algunos años materia de exportación tecnológica para los pueblos del mundo.

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