Los presentes sucesos reflejan el contexto internacional y local de los tiempos que se vienen. Hoy en Geopolítica y Actualidad Nacional escribe Ariel Duarte.
#1 - Revanchismo israelí
Muchas veces se concibe la política internacional sobre la base de los enemigos, buscando un aliado poderoso que nos permita enfrentarlo. En este sentido, Perón describió en el semanario Democracia en 1951:
“El error de muchos hombres de gobierno, en las democracias inorgánicas del Nuevo Mundo, está en no interpretar y respetar las aspiraciones populares. Vivimos una época en que los gobiernos miran demasiado hacia fuera de sus fronteras y lo esperan todo de la ayuda que ha de venirles de los poderosos. Por eso, también, su política está influida por inscripciones foráneas, acompañadas de abundantes medios económicos”.
Nuestras alianzas tienen que trabajar sobre la base de los pueblos más que de los gobiernos, en tanto los pueblos son nuestros hermanos. Por eso, de igual modo que una unidad de concepción nacional es indispensable para cumplir nuestro destino, lo es también una unidad de concepción internacional para alcanzar la paz entre las Naciones.
Si se trabaja sobre los gobiernos, con alianzas de corto plazo para satisfacer necesidades materiales (sean de recursos o de armas), se termina por perderlo todo, pues “quien da pan a perro ajeno pierde el pan y pierde el perro”. En definitiva, como decía Napoleón “todos tienen precio, en cambio, los pueblos no se venden”.
Las enseñanzas de Perón en sus artículos de Descartes del Diario Democracia suelen ser oportunas cuando se trata de esta Tercera Mundial. Acompañamos algunos versos que ilustran el diálogo que pretendemos:
“En los tiempos modernos nadie gana en una guerra. El vencedor queda generalmente exhausto sobre el cadáver del vencido. Sólo se salvan los que no intervinieron en ella. Para los beligerantes es un mal negocio que el dominio por el cual se lucha pueda caer en manos de los neutrales. Por eso en estos tiempos la neutralidad es una mala palabra. Tan mala hoy como tan buena resultó durante siglos”.

Perón explicaba que:
“Cuando se dice ‘la lucha de Oriente contra Occidente’, ‘el choque de dos ideologías’, ‘el conflicto de la democracia y el totalitarismo’ y aun ‘la guerra de dos imperialismos’, se busca involucrar a todos los países en los bandos, para evitar que, al final, ésta sea una guerra como todas, en que dos naciones diriman entre sí y por la fuerza el choque de dos intereses (…)”.
A la luz de estas ideas, queremos reflexionar sobre un conflicto que ya lleva casi dos años en la Tierra Santa, aquella que debería ser el hogar de las tres religiones monoteístas del mundo, pero que por los intereses del poder del dinero y de las armas, continúa siendo el botín de guerra sobre el cual se pretende tomar partido.
Asistimos a un alineamiento pornográfico por parte de nuestro gobierno a la política internacional israelí, que nos remonta a la búsqueda de ayuda extranjera como único medio para resolver los problemas domésticos.
Detrás de la propaganda proisrealí, existe un maniqueo manejo de la opinión pública argentina, que al igual de la confrontación entre Rusia y Ucrania, nos hacen creer que debemos tomar partido cada vez que los sectores del poder del dinero y de las armas realizan un nuevo acto de sus teatros de operaciones.
El salvaje ataque del 7 de octubre de 2023 por parte del grupo Hamas sobre el pueblo israelí lejos estuvo de ser una reivindicación de la causa del pueblo palestino, el cual sufre desde entonces una de las masacres más sanguinarias y repulsivas que hemos presenciado este siglo.
Los grupos extremistas suelen trabajar para construir la justificación del futuro desastre. Mientras Yasir Arafat, líder de la Organización de Liberación Palestina, proclamaba que su “lucha no es contra el pueblo judío, sino contra la ocupación israelí y las políticas discriminatorias”, proponía que la única solución posible para una paz duradera era “la reconciliación entre palestinos y israelíes”.

A esto, humildemente, proponemos ubicar como puente en esa reconciliación, a las Iglesias Católicas -tanto las ortodoxas como la apostólica romana-, aportando al diálogo interreligioso fundamental para la paz.
Los intereses del poder israelí, alineados con el ex administrador del territorio palestino, el Reino Unido, se encargaron de destruir el legado de Arafat y promover a las organizaciones extremistas como centro de la escena, fueran aquellas del Hamas en la zona de Gaza o el famoso Hezbolla desde el Líbano.
Mientras la hipocresía del progresismo occidental flamean las banderas palestinas en contra de la política de Netanyahu, sus actitudes redundan en un mero oportunismo político en pos de alinearse contra quien es aliado de sus verdaderos enemigos: Donald Trump y Vladimir Putin.
Putin y Trump, con sus contradicciones, son hoy en el plano internacional quienes avalan el accionar de Netanyahu en la Franja de Gaza, en tanto son la llave del Consejo de Seguridad para poder detener el conflicto.
Ambos líderes han mostrado su preocupación por lo acontecido en Gaza, aunque sus prioridades están en sus intereses nacionales y sus alianzas estratégicas con Israel, por lo que los intentos por limitar el ensañamiento contra el pueblo palestino en la última década han sido limitados.
El premier israelí mantiene una relación personal con ambos líderes, con quienes se ha entrevistado en numerosas ocasiones en forma presencial y telefónica.
La alianza no responde sólo a afinidades personales, sino a la hermandad y comunión que existe entre los pueblos rusos, norteamericanos e israelíes. A modo de ejemplo, los yankis y los rusos ocupan el primer y el cuarto puesto, respectivamente, entre los pueblos que viajan a Israel como turistas.

Sin embargo, desde las agencias internacionales de prensa se nos presentan los temas en forma superpuesta. Parecería ser que existe un progresismo globalista dentro del capitalismo occidental que quiere un Estado de Palestina, cuando lo que existe de fondo es una confrontación contra los líderes que reconstruyen poder soberano desde los Estados Nacionales, en este caso, Putin, Trump y Netanyahu.
Lamentablemente, esa reivindicación palestina tiene una fecha de vencimiento: el día en que se logre sustituir a Netanyahu como líder del gobierno israelí, probablemente el negocio de la reconstrucción de posguerra vuelva a calmar la histeria de los estudiantes de Harvard y la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
A la par, asistimos a un “teocidio” que es difícil de digerir en tiempos de derechos humanos. La masacre del pueblo palestino es un reflejo de lo que pretende un sector de la clase dirigente israelí, la exterminación del islamismo, al cual colocan el mote de “radical” para justificar la masacre de niños y ancianos.
El extremismo isrelí hace de espejo sobre algunos líderes de Medio Oriente, quienes se cansan de ‘boquear’ sobre la destrucción o eliminación del Estado de Israel, una aventura que, a la altura de los acontecimientos, nadie considera posible, justa, ni conveniente, puesto que varias generaciones de hermanos israelíes han nacido y se han criado en esas tierras, que naturalmente consideran como su hogar.
La guerra desatada tras el 7 de octubre de 2023 ha dejado un dolor profundo en la región que fue cuna del credo universal. Las religiones monoteístas tienen como principios el amor, la solidaridad y la comunidad, aunque hoy son rehenes de la imprudencia de la política, que mediante el dinero y las armas subsume esos principios a la destrucción de sus vecinos.
Nuestro General, decía en el artículo citado que:
“Lo primero que la guerra destruye son los valores que el hombre ha creado con el trabajo paciente de años... La destrucción sistemática de hombres y valores que acarrea la guerra, por años, termina por destruir la economía y el trabajo que la sostiene”.
La masacre asciende a 60 mil víctimas fatales palestinas, entre ellas 10 mil menores de 11 años. Muchas personas han sido ametralladas o bombardeadas mientras asistían a centros de ayuda humanitaria en búsqueda de alimentos, por lo que ahora la ayuda se realiza mediante envíos aéreos con paracaídas.

Se trata de la guerra más larga desde la creación del Estado de Israel. Hambrear a la población palestina es una de las armas del ejército israelí, que busca concentrar a toda la población en el Sur de la Franja de Gaza, sobre las ruinas de Rafah, cuya única salida es la migración hacia el extranjero.
La anunciada Ciudad humanitaria en Rafah fue denunciada por dieciséis expertos israelíes en derecho internacional el reciente 10 de julio como la “creación de campos de detención masiva, cuyo primer objetivo sería la limpieza étnica y las expulsiones”. El ex primer ministro israelí, Ehud Olmert, sentenció: “se trata de un campo de concentración”.
Los acontecimientos siguen en pleno desarrollo y las fuerzas israelíes decidieron incluir en la contienda a la Iglesia Católica, a la cual atacaron mediante el bombardeo de la única iglesia en Gaza, donde un cura argentino, cercano al Papa Francisco, ejerce su rol de párroco.
Nuevamente, el diálogo interreligioso es el puntapié inicial en la salida de este conflicto, que debería coronar a la Tierra Santa como la capital espiritual de las tres religiones monoteístas del mundo. Esto abriría la posibilidad de que existan dos Estados, Palestina e Israel, que la administren de manera conjunta y cuenten con soberanía suficiente sobre territorios claramente delimitados.
#2 - La moratoria oligarca
Las semanas anteriores se votó en el Congreso Nacional una suba en las jubilaciones (+7,2%), permitir que se jubilen personas con falta de aportes (50% de trabajadores informales) y aumentar las pensiones por discapacidad (congeladas desde noviembre de 2023).
Sin embargo, el gobierno anunció que vetaría tales proyectos una vez confirmados en el Senado. A la par, es decir, durante el mismo discurso que ofreció el presidente en la Sociedad Rural Argentina, anunció una baja en las retenciones (Derechos de Exportación) sobre el maíz, la carne aviar, la carne vacuna, sorgo, girasol, soja y derivados.
Lo notorio es que las sumas que se “ahorra” el Tesoro Nacional en vetar los proyectos votados son las mismas que dejará de percibir por reducir las retenciones al sector agropecuario.
Es decir, el camino de eliminar el déficit fiscal tiene sus excepciones, el costo lo asumen los jubilados y pensionados, mientras que a un sólo sector de la Argentina, el agropecuario, se le reducen sus cargas fiscales.
Si bien las retenciones no son un impuesto, sino que se tratan de derechos de exportación, es decir, la contracara del arancel a los productos que ingresan, asistimos a una moratoria permanente al sector primario de la economía, que amenaza al gobierno nacional con no liquidar sus granos a cambio de una suba del tipo de cambio o de una reducción de las retenciones.
“Argentina va a volver a ser el granero del mundo”, anunció el Presidente en la Sociedad Rural Argentina, como contracara de los dichos del ex presidente Macri, quien había anunciado que íbamos a ser el “supermercado del mundo”.

El vicepresidente de la SRA, Marcos Pereda, sostuvo ante Carlos Pagni en una entrevista en el programa semanal Odisea Argentina, que en la Argentina el 70% de los alimentos son cultivados en suelo alquilado.
Por otro lado, según los informes del sector el costo del arrendamiento sobre el producido de la tierra oscila entre el 30 y el 50%, por lo que si bien las retenciones son soportadas por el productor en la venta final del producto, implica una valorización de los campos de la cual se benefician los terratenientes.
Una vez más, a contramano del nuevo orden internacional, en el cual la política económica se ordena desde el comercio exterior, en nuestro país se opta por eliminar aranceles a las importaciones, inundando el mercado de productos chinos que también fabricamos, y reducir los derechos de exportación sobre los principales alimentos.
En este contexto, se acentúa el deterioro del poder adquisitivo del salario y las jubilaciones, que no sólo enfrentan los precios más caros del mundo y una inflación dolarizada récord, sino también un nuevo aumento de los precios como consecuencia de la reducción de las retenciones sobre alimentos, que son tanto de consumo humano como para el forraje de los animales que nos sirven de alimento.
#3 - Un muro espiritual en La Plata
Se inauguró en La Plata el mural más grande del mundo, en honor al Papa Francisco.
Ubicado sobre un edificio de la intersección de las calles 14 y 54, frente a la Catedral de la ciudad de las diagonales, el mural fue realizado por el artista Martín Ron, en un homenaje pictórico único en el planeta.
Participaron de la inauguración tanto el intendente de la Ciudad como el arzobispo Gustavo Carrara, quien bendijo el mural frente a miles de vecinos, funcionarios, feligreses y artistas.

Martín Ron, oriundo de Caseros y con tan sólo 44 años, es uno de los diez mejores muralistas del mundo. Pintó grandes murales ubicados en Villa Urquiza, Caseros, Constitución, en numerosas estaciones de subte, al costado de vías ferroviarias y en otras ciudades del mundo.
Una de sus últimas hazañas había sido el gran mural en homenaje a Diego Armando Maradona, financiado por YPF y ubicado en el barrio de Constitución, al costado de la autopista.
Nuestros compatriotas siguen ofreciendo a la Argentina la posibilidad inclaudicable de escribir las páginas más gloriosas de la Historia Universal. Depende de nosotros poner en valor nuestras capacidades y construir el gran futuro que nos merecemos.
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