“El sentido del humor es un certificado de sanidad”. Papa Francisco.

Hacer un homenaje escrito de un humorista es complejo. Hoy nuestro amigo del pueblo es Carlos Salim Balaá Boglich, quien generó infinidad de risas en las familias argentinas durante 50 años. “¡Pero haremos lo imposible, para que ustedes lo pasen un kilo y dos pancitos!” Conozcamos, emparejemos y larguemos. ¡Aquí llegó Balá, el show va a comenzar!

“Tuve una infancia muy feliz, de barrio, humilde, sin ambiciones”. 1

Había una vez, un niño del barrio de Chacarita, que soñaba con hacer reír. Carlos Salim Balaá Boglich nació el 13 de agosto de 1925 en Chacarita, fue el tercer hijo varón de Mustafá Balaá, de origen libanés, y Juana Boglich de origen croata. 

La carnicería era el negocio de la familia, estaba en Olleros y Fraga, y Carlitos no escapaba de él: “Yo en ese entonces ya repartía carne. Qué época. Llegaba con la canastita, un domingo a las 8 de la mañana, y la dueña de casa me dejaba la puerta abierta mientras ellos seguían durmiendo. Entraba, saludaba bajito por si alguno se había levantado, dejaba la carne en la cocina y me las picaba. Que increíble, me parece mentira (…) Era la época en que se regalaba el perejil y el hígado”. 2

Ya en ese momento, Carlitos ambicionaba con hacer reír, en especial a su hermana: “Con los papeles blancos en los que se envolvía la carne forraba los cajones de fruta y hacía teatritos. Me encantaba hacer el telón con las propagandas, como se usaba antes. Recortaba de los Billiken, de las revistas, las propagandas. Y del mismo Billiken, recortaba la silueta de algún muñeco, la pegaba en cartón (…) Cuando se enfermaba mi hermanita, que siempre estábamos con gripe o resfríos, me decía “¡Haceme una obra! ¡Haceme una obra! Y yo, feliz de la vida”. 3

Luego continuó con las risas de sus amigos: “Y yo era el cómico de la barra del barrio. Pero siempre jodiendo en la calle, a un escenario no subía ni a cañonazos. Nos juntábamos siempre en la esquina, Federico Lacroze y Fraga o Fraga y Olleros. Cada uno se liberaba de sus ocupaciones, se bañaba, se empilchaba y se iba para la esquina. Charlábamos, soñábamos. Salíamos a caminar por Federico Lacroze, cada casa tenía un chiste, cada persona tenía un sobrenombre”. 4 

“En ese tiempo yo era como un barco sin timón, a la deriva”. 5

En su juventud, se colaba en casamientos, le gustaba ir al cine y a los carnavales, pero nada lo motivaba tanto como la risa. 

“Esa edad es jodida porque cada pibe debe elegir su futuro, y algunos no saben para donde agarrar”. 6

Transcribimos su testimonio sobre cómo el mensaje de Perón fue inspiración para decidir sobre su destino: 

“A los 18 años, empecé a aprender a escribir a máquina. (…) Una vez que aprendí, me rajé. Después me metí en mecanografía, duré dos días. Pasé por contabilidad, en la calle Pringles, llegué a aguantar dos meses, me aburrí y me fui (…) Cuando me sortean para la colimba, me voy. Después estuve como un año sin laburar, flor de vago. Nada me interesaba y nadie me ayudaba a seguir un camino. Perón dijo: ‘cada uno es forjador de su propio destino’ y está bien”. 7 

“Cuándo falleció Evita fuimos con Musculito, mi amigo del barrio, a despedirla. Hicimos toda la fila. Era un día lluvioso. La calle se secaba, se volvía a mojar y nosotros seguíamos ahí. Cuando llegamos hasta ella había un tipo con una botella de alcohol y algodón que limpiaba el vidrio que la protegía. Yo entré, me acerqué bien, miré su rostro fijamente y besé el vidrio. Estaba hermosa, su cutis terso, parecía dormida. Era perfecta. No bien salí vino el tipo con el alcohol y pasó el algodón. Seguía la fila. Habían pasado nueve horas desde que llegamos a hacer la cola. En una época simpatizaba con el peronismo, al principio. Porque al oligarca lo odio, por ser déspota e indiferente. Sólo piensa en él y sus cosas. (…) A Perón lo vi una sola vez en mi vida. Yo estaba parado en la vereda y él pasaba por la calle. Creo que iba a la iglesia Santo Domingo. Iba con una delegación del gobierno. De sport estaba el hombre. Y yo me quedé mirándolo. Era un tipo muy pintón, entrador”. 8

Finalmente consiguió trabajo de repartidor en la imprenta Lamson Paragon: “pasé por todos los turnos... Mañana, tarde, hasta que pensé en agarrar de noche porque me pagaban el doble. (…) hacíamos talonarios de venta, o sea facturas. (…) yo hacía eso o ayudante de máquina. Toda la noche a mate cocido y cigarrillos, en esa época fumaba. La noche ahí, a los 20 años”; 9 “Tenía su magia la imprenta. Un ambiente lindo, el olor a tinta, a papel”. 10 

Luego, pasó al sector de repartos: “Un día llegamos a Siam, Hipólito Irigoyen y San José. Tengo que hacer lugar para meter el camión y descargar trescientos paquetes. Empujo un coche para atrás y el otro hacia adelante. Cuando estaba el espacio, aparece uno con una Cupé Mercury 47 queriendo estacionar.

“-¡Cuidado, pibe!

“-Qué cuidado, este lugar lo hice yo.

“-¿Cómo, desde cuándo se hacen los lugares?

“-Y desde ahora. Lo hice porque tengo que descargar 300 paquetes.

“-¡No, no, salí, salí!

“-¡No salgo nada!

“-¿Qué querés?, ¿Que te pise?

“-Bueno, pisame.

“Ya con la discusión se habían juntado como cien personas. Y yo ante la injusticia no tengo miedo. No me importaba nada si me pisaba. Lo acelera marcha atrás y lo frena a diez centímetros de mis piernas. Me mira, yo estaba en overol y dice: ¡con ustedes no se puede! -Y rajó. Era la primera época de Perón. 11

Un periódico con la imagen de una persona

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La línea 39 y los inicios del artista en la Revista Dislocada.

El gran cómico era muy tímido, pero encontró la estrategia para dejar atrás esa timidez, y fue hacer reír a los pasajeros de la línea de colectivos N° 39: 

“Con los del barrio empezamos a juntarnos en el bar donde paraban los colectiveros de la línea 39. Charlone y Federico Lacroze, la terminal del 39. Yo era un vago, me gustaba hacer reír y nada más. Me pedían hacer viajecitos con ellos, para entretenerlos durante el recorrido. Así se les pasaba más rápido la hora. Entonces me buscaba uno que me acompañara y nos subíamos al colectivo. Y ahí empezaba. De repente me paraba y me daba vuelta, yo viajaba en el primer asiento, atrás del conductor. Me daba vuelta y enfrentaba a los pasajeros. 

“-¡Porque yo soy cantor!

“-Puente Alsina yo te canto... Puente Alsina yo te nombro... Puente Alsina, mi viejo puente…. Puente Alsina ay ay ay ay ¿Dónde estás? ¡Chin chan!

“Siempre había un pasajero que se enganchaba.

“-¿Cómo se llama el tango, señor?

“-¡Puente Barracas!” 12

Así fueron pasando los años, de risas y risas, como el animador de la línea 39. Hasta que su amigo Isías le comentó a Morenita Galé, vedette de la época, del talento de Carlitos. Ella le consigue una entrevista con Délfor Amaranto Dicásolo, actor y comediante reconocido, para la Revista Dislocada, el suceso cómico del momento que salía los domingos por Radio Splendid. Allí se produce una prueba piloto, Balá es aceptado, pero para el debut tenemos que esperar un año: 

“Durante esos meses, la espera fue una incertidumbre total. Pero mucho peor fue cuando llegó el gran día. El día del debut estaba muy nervioso. Me moría. Repetí la fórmula y me tomé dos coñac en casa de Morenita Galé, a quién le debo todo, y salimos para la radio. Cuando estaba esperando mi turno para subir al escenario, noté que mis manos temblaban como dos hojas. Entonces, busqué un cartón de un almanaque y le puse el papel del libreto arriba para tratar de que el tembleque pasara inadvertido. Por suerte el personaje que me había tocado también era nervioso. Recuerdo que estaba Ben Molar, y me preguntó: ¿estás nervioso? ¡Nooo… ¡Estoy cagado! Y llegó el momento del debut. Delfor me presentó como el gerente de publicidad de Jabón Federal. (…) Me dio el pie para decir las primeras palabras de mi carrera en radio y en el espectáculo nacional”. 13

Tras un desacuerdo con Délfor en 1958, Carlitos Balá formó un trío cómico con Jorge Marchesini y Alberto Locati. Juntos protagonizaron el programa radial “Los tres...” en Radio El Mundo, con la locución del periodista Antonio Carrizo. El trío ganó una enorme popularidad, lo que les permitió participar en El show de Andy Russell y luego protagonizar “¡Qué plato!”, permaneciendo unidos hasta 1960.

Después de la separación, Balá se lanzó en solitario y consolidó una exitosa carrera. Su camino lo llevó a la televisión en “La Telekermese Musical” de Canal 7, donde también tuvo roles en El show de Antonio Prieto y El show de Paulette Christian. En paralelo, su personaje Jacobo Gómez se hizo popular en Radio Splendid.

La década del 60 y 70 fue muy productiva para Balá. 

Para 1962 su presencia en la pantalla crece con programas como Telecómicos y Calle Corrientes, y en El show super 9 junto a Mirtha Legrand. 

El año siguiente marca su debut teatral con la obra “Canuto Cañete, conscripto del siete”. Su éxito fue tal que Canal 9 lo contrata para su propio ciclo, “Balamicina”, con libros de Gerardo Sofovich.  

A finales de ese año se filma la película de aquella obra teatral, “Canuto Cañete, conscripto del siete”, que fue una sátira al servicio militar, convirtiéndose en el éxito taquillero del año. 

En 1964, Canal 13 lo ficha para “El soldado Balá”, iniciando una larga lista de programas, incluyendo “El flequillo de Balá”, “El clan de Balá”, “Balabasadas”, “El circus show de Carlitos Balá y “El show de Carlitos Balá”, el programa que marca un antes y un después en su carrera, convirtiéndose en un ícono inolvidable para la cultura argentina, comenzando en 1979 en ATC, siglas de Argentina Televisora Color. 

En este espacio, Balá no solo entretiene, sino que crea frases y gestos que se grabaron en el ADN de varias generaciones, las marcas registradas de Carlitos Balá, que no surgían del marketing, sino de situaciones cotidianas más la creatividad de un artista brillante: "¿Qué gusto tiene la sal?", "Angueto, quedate quieto", "Sumbudrule", "Ea, ea, ea, pépé", "Un kilo y dos pancitos", "¡Mirá como tiemblo!", su clásico "gestito de idea"... y la lista sigue. 

También El chupetómetro, un recipiente cilíndrico de dos metros de largo en el que niños y niñas depositaban sus chupetes para despedirse de ellos. Además, instala un look de época, a pesar de las maestras, docentes y directivos escolares. Aquel de “córteme como Balá” 

¿Cuántos niños utilizaban ese característico peinado de pelo lacio con flequillo?

Su carrera cinematográfica también se expandió con varias películas, como “Canuto Cañete y los 40 ladrones”, “¡Esto es alegría!”, “Dos locos en el aire” junto a Ramón “Palito” Ortega y “El tío Disparate” con las “trillizas de oro”. 

Puede ser que su recorrido en el cine sea olvidado o subordinado a su popularidad en televisión, pero su filmografía es abundante, en total participa en 18 filmes a lo largo de su carrera. Y aquellas de carácter infantil, se estrenan siempre en vacaciones porque eran garantía de entradas agotadas, una función para llenar de alegría a la familia en período de descanso.

Tras un tiempo lejos de las pantallas, Carlitos Balá regresa a la televisión en 1987, atendiendo el pedido de Roberto Fontana para traer de vuelta a su personaje, "El Hombre de Buenos Aires", en el ciclo "Sábados de la bondad". 

En los años 90 continúa activo, protagonizando “A jugar con Teddy” y tuvo participaciones especiales en series. En 2009 es invitado al programa Justo a Tiempo de Julián Weich, donde prometió donar su famoso “chupetómetro”. En sus últimos años, Balá sigue realizando giras con su circo y colaborando en espectáculos como el de Piñón Fijo y Panam.

Carlitos Balá solía sorprender a sus fanáticos llamándolos para el día de su cumpleaños, llega a poseer más de 100 biblioratos con anotaciones de fechas y números de teléfonos. 

En su cumpleaños número 90, el homenajeado es él, recibiendo un llamado especial desde la Ciudad del Vaticano, cuando un 15 de agosto de 2015 levantó el teléfono y escuchó al Papa Francisco; “Me dijeron que cumple 90 años”, y Balá contestó “Y no le han mentido” con el tono de su personaje Petronilo, cuyo nombre deviene de un apellido de un jugador de San Lorenzo. 

Tras ese llamado Carlitos Balá visita Roma y puede estrechar un emotivo abrazo con Francisco. Es declarado Embajador de la Paz en el marco de una audiencia general en la Plaza San Pedro; “Fue el mejor regaló que recibí” declaró Balá.

Años después, luego de dejar un enorme legado de humor, a los 97 años un 22 de septiembre de 2022 pasó a la inmortalidad.

Un cómico argentino

"¿Qué gusto tiene la sal?" ¡Salado!”

La genialidad de Carlitos Balá radica en su capacidad para inventar un universo cómico que no tenía precedentes en la cultura infantil. 

Sus creaciones no eran meras imitaciones, sino invenciones propias surgidas de la realidad cotidiana. El sabor de la sal, contada por él mismo, nació una tarde tranquila en la playa de Mar del Plata. Un niño se preguntó en voz alta: "¿Qué gusto tendrá el mar?". Él reformuló: "El mar es salado, ¿pero a qué sabe la sal?". El chico, sin dudar, replicó: "¡Salada!". 

Nacía un latiguillo que quedó para siempre en nuestro lunfardo. Balá se diferenció de otros comediantes al construir un repertorio genuinamente nacional e original. 

Un humor arraigado, partiendo de la observación de lo cotidiano y sumando su sana picardía. 

Demostró que la autenticidad y la creatividad forjan un legado mucho más duradero que la simple imitación de modelos extranjeros, él bien sabía que el arte no se realiza con hoja de calcar ni con papel carbónico, sino que nace de un espíritu auténticamente creador.

El humor para crecer

¡Adiós chupete! ¡Hay que aprender a hablar con propiedad!

Dejar el chupete es dar un paso hacia adelante, dejar atrás una etapa que puede no ser fácil, y Carlitos lo sabía, por ello se puso manos a la obra. 

La estrella se reunió con especialistas para su invención: “Averiguamos con los pediatras cómo influía el uso del chupete en la boca y nos dijeron que después de los 2 años tenían que dejarlo porque deforma el paladar. Y así fue que empezamos con una canastita donde los chicos iban dejando sus chupetes. Pero eran tantos que hicimos unos tubos enormes que instalamos en ATC, en el circo y en el teatro”. 

¿Cuántos niños han dejado el chupete gracias a Carlitos Balá? Él mismo reconoce que de haberlos contado, probablemente hubiera ingresado al récord Guinness. Recordemos también su célebre canción: “¡Hay que aprender a hablar con propiedad, porque en gramática nos pueden aplazar!”, diferenciando los alimentos que se comen y las bebidas que se toman. 

Carlitos fue ese docente encubierto pero que salía en la televisión. En agudo contraste con la omnipresente tecnología actual que lejos de incitar a la liberación, los dispositivos móviles y sus infinitas distracciones, nos mantienen perpetuamente anclados, impidiendo la interacción social y la conexión real, creando una dependencia que, a diferencia del show de Balá promovía el crecimiento y alentaba a un acto de madurez como dejar el chupete o aprender a hablar correctamente.

La familia argentina

“¡Aquí, nuevamente para hacerlos divertir sanamente y en familia!”

Carlitos Balá trascendió la comedia infantil; su verdadera magia residía en ser un punto de encuentro para toda la familia. Balá creó un lenguaje compartido, un código de risas que padres e hijos podían entender y disfrutar por igual. Su humor era intrínsecamente familiar. 

En un living argentino en la hora de la merienda o en la cocina argentina en la hora de la cena, su programa se convertía en un momento de unión donde la inocencia de los niños se encontraba con la nostalgia de los adultos, demostrando que el humor más efectivo es aquel que, sin importar la edad, logra sentar a todos en la misma mesa.

¡Señoras y señores, y por qué no lactántricos, tengan ustedes muy buena imagen! de Carlos Salim Balaá Boglich. Nos vemos ¡¡¡Eaeapepé!!!


Citas:

1. Farfán, Esteban. “Carlitos Balá: lo mejor de mi repertorio”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Galerna, 2022. Página 29

2. Farfán, Esteban. “Carlitos Balá: lo mejor de mi repertorio”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Galerna, 2022. Página 27

3. Farfán, Esteban. “Carlitos Balá: lo mejor de mi repertorio”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Galerna, 2022. Página 25

4. Farfán, Esteban. “Carlitos Balá: lo mejor de mi repertorio”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Galerna, 2022. Página 42

5. Farfán, Esteban. “Carlitos Balá: lo mejor de mi repertorio”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Galerna, 2022. Página 66

6. Farfán, Esteban. “Carlitos Balá: lo mejor de mi repertorio”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Galerna, 2022. Página 73

7. Farfán, Esteban. “Carlitos Balá: lo mejor de mi repertorio”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Galerna, 2022. Página 56

8. Farfán, Esteban. “Carlitos Balá: lo mejor de mi repertorio”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Galerna, 2022. Página 66-67

9. Farfán, Esteban. “Carlitos Balá: lo mejor de mi repertorio”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Galerna, 2022. Página 81

10. Farfán, Esteban. “Carlitos Balá: lo mejor de mi repertorio”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Galerna, 2022. Página 84

11. Farfán, Esteban. “Carlitos Balá: lo mejor de mi repertorio”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Galerna, 2022. Página 79-80

12. Farfán, Esteban. “Carlitos Balá: lo mejor de mi repertorio”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Galerna, 2022. Página 87-88

13. Farfán, Esteban. “Carlitos Balá: lo mejor de mi repertorio”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Galerna, 2022. Página 100-101

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