Los presentes sucesos reflejan el contexto internacional y local de los tiempos que se vienen. Hoy en Geopolítica y Actualidad Nacional escribe Ariel Duarte.
#1 - La nueva prenda de Paz
Hace décadas los pueblos del Este europeo están bajo asedio. La penetración de la OTAN en la frontera con la Federación Rusa puso las alarmas en alto y en 2014 se desató el conflicto, una de las tantas cuotas de esta Tercera Guerra Mundial.
Ucrania fue parte de las economías emergentes incorporadas a la Unión Europea y a la Organización Mundial del Comercio, luego de la caída del Muro en 1989.
En el globalismo triunfante, las nuevas joyas del sistema financiero eran las tierras de la periferia soviética y europea, proveedoras de los insumos necesarios para la locomotora alemana.
El acuerdo de paz de la salida soviética fue despojar sin desarmar. A cambio de mantener el dominio sobre sus fuerzas armadas, sus capacidades de defensa y su silla permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, Rusia entregó el destino industrial de sus recursos energéticos y los volcó a la venta internacional como commodities.
A la par, entregó el dominio político sobre sus repúblicas socialistas y fueron todas integradas a la nueva división internacional del trabajo global. Algunas como proveedoras de materias primas, otras como talleres de mano de obra barata en la periferia asiática.

El poder en el mundo se concibe sobre un triángulo de tres vértices: la economía, las armas y la conciencia-cultura.
Un verdadero trípode pesa sobre la espalda de los pueblos desde que el ser humano existe, y nos obliga a trabajar como nación para ser fuertes en la unidad de concepción, pues sin unidad nacional los recursos, las fábricas o armas estarían trabajando para otros intereses.
La nación rusa, luego de una década de corrupción y despojo de su legado soviético, inició este siglo con la voluntad de reconstruir sus bases materiales y espirituales.
Vladimir Putin predicó la unidad nacional entre el cristianismo ortodoxo, los trabajadores y el ejército ruso, marcados por el enfrentamiento a distintos imperios que pretendieron masacrarlos, invadirlos y sojuzgarlos.
El mismo pueblo que se defendió ante Napoleón y Hitler, puso sobre su eje su destino histórico de constituirse como potencia del continente euroasiático.
La posibilidad de Rusia en recuperar su poder internacional debía apelar a triunfar sobre la conciencia nacional y las armas, pues ya la economía de sus talleres se había desmantelado por no contar con los obligados compradores de la periferia soviética.
Los nuevos talleres de la división internacional de trabajo global le ofrecían la oportunidad de ser un gran proveedor de energía. En este sentido, Rusia decidió hacerse fuerte en las armas, y dotada de grandes reservas energéticas, puso en valor esa renta y la invirtió en desarrollo científico y tecnológico, en especial en materia sanitaria, logística y armamentos de última generación.
La astucia de Putin permitió tejer una red de cooperación en Medio Oriente, como un gendarme aliado de los Estados Nacionales frente a la desestabilización e insurrecciones promovidas por el interés atlantista.
Luego, lejos de acabar con los conflictos, la participación rusa acababa por encarecer los precios energéticos de los cuales se servía el gigante para vender petróleo y gas a Alemania, China y Estados Unidos.
Vladimir Putin había demostrado durante el nuevo siglo una extraordinaria habilidad para negociar en buenos términos con Europa y Estados Unidos, a la par que con China y Medio Oriente, e incorporar en su portafolio misiles ultrasónicos únicos en el globo.

Mientras China aprovechó la paz globalista para posicionarse como potencia económica, Rusia lo hizo como potencia militar.
Comenzada la década del 2010, los intereses atlantistas en el dominio de Eurasia consideraron urgente frenar el desarrollo militar iniciado por la Federación Rusa.
La estrategia desde la década de 1970, según los escritos de Brzezinski y Kissinger, había sido promover el desarrollo industrial de Alemania, del sudeste asiático y China, como medida de contención del dominio ruso en Eurasia.
En esta nueva época, el objetivo pasó a ser desarmar a Rusia, y por eso se debía incorporar en la alianza militar atlantista OTAN a sus vecinos del Este europeo.
Si bien los negocios millonarios de la globalización fueron la prenda de paz hasta ahora en el mundo, el objetivo de las fuerzas atlantistas por desmantelar el desarrollo militar ruso llevó a promover la colocación de armamento en la frontera de Ucrania con Rusia, pasando a ser capaz era capaz de atacar Moscú en menor tiempo que la posible respuesta del Kremlin.
De tal modo, uno de los teatros de operaciones de esta Tercera Mundial se posicionó sobre Ucrania, y Vladimir Putin optó por avanzar en forma preventiva sobre la periferia que la OTAN pretendía ocupar.
En 2014, Ucrania perdió a manos rusas el territorio de la península de Crimea, y a partir de febrero de 2022 las regiones del Este de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia.
Para el interés atlantista, la contención de Rusia a través de Alemania debía pasar a la ofensiva, arriesgando así la continuidad de Alemania como taller global. Se debía boicotear el abastecimiento energético de Rusia, lo cual fue realizado en forma quirúrgica con la voladura del gasoducto Nord Stream, el bloqueo comercial europeo y el financiero del sistema Swift.

Para Rusia, la confrontación debía ser larga, las sanciones del sistema financiero podían ser soportadas con el aumento del precio de las commodities que las potencias necesitaban, precios que crecieron también por los conflictos en Medio Oriente.
Mientras tanto, Rusia contaba con tiempo suficiente para mejorar su posición negocial hasta la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, quien se había manifestado en 2022 -cuando Biden estaba al mando- que si era por él nunca se habría iniciado la confrontación.
Una vez consumada la vuelta de Trump al gobierno, en febrero de 2025 se cristalizó la ruptura de Estados Unidos con el orden global: en el Salón Oval, el presidente acusó a su invitado Zelenski de haber conducido en forma irresponsable a todo su pueblo y al resto de las naciones a una guerra sobre la cual no tenía ninguna posibilidad de éxito.
La crítica de Trump iba más allá del líder ucraniano, su acusación era a quienes habían promovido el financiamiento de una aventura militar en el este europeo, con el único objetivo de destruir a Putin.
En los últimos meses, Trump optó por promover el desfinanciamiento de la OTAN, bajo el paraguas de obligar al resto de sus miembros a aumentar sus presupuesto en defensa para el organismo.
Luego de la aprobación en la última cumbre de la pretensión norteamericana, mientras la OTAN la semana pasada anunció una nueva asistencia y entrenamiento la Alianza Atlántica con Ucrania, se explicó que el envío del armamento quedaba supeditado a que los restantes Estados miembro compren el mismo a Estados Unidos. Esto derivó en una división entre el bloque, pues Francia e Italia ya manifestaron su negativa a aumentar el financiamiento de la guerra en el corto plazo.
A la par, en los últimos meses se promovieron algunos encuentros de diálogo entre las partes, sobre los cuales únicamente se avanzó sobre el intercambio de prisioneros y cadáveres.

Mientras China, Turquía y Arabia Saudita se disputaban el lugar de interlocutores de la paz, Trump rompió el estancamiento de las conversaciones con un notorio ultimátum que pateó el tablero.
La semana pasada el presidente norteamericano tomó la delantera y anunció: si dentro de cincuenta días no se detienen las hostilidades, colocará nuevos aranceles del 100% sobre Rusia.
Si bien antes la prenda de paz eran acuerdos de libre comercio, ahora la nueva prenda son los aranceles y la negociación país-país de los nuevos términos de intercambio. Un acuerdo con Estados Unidos en materia de aranceles significa comprar una parcela del cielo del nuevo orden internacional.
El mensaje, lejos de ser una amenaza para Putin, significó una fecha cierta sobre la cual la posición de cada contrincante será decisiva para definir los términos de la paz.
El anuncio de Trump implica para las partes un tiempo de casi dos meses para consolidar la posición sobre la cual deberán sentarse sobre sus pretensiones.
Así es que Putin se decidió a avanzar y, en las próximas semanas, buscará conquistar Odesa y consolidar su posición en Jarkov, que se sumarán al dominio territorial actual de Crimea, Lugansk, Donetsk, Jerson y Zaporiyia, todas regiones que se asientan sobre el Este y el Sur ucraniano.
Las pretensiones de las partes hasta ahora resultan difíciles de conciliar.
Mientras que Putin exige la libre determinación de los pueblos del Este ucraniano, el desmantelamiento del aparato represivo antiruso en Ucrania y un veto permanente en su ingreso a la OTAN, Zelenski pide el retiro total de las fuerzas rusas de su territorio y la devolución de la península de Crimea, aunque en público propone la destrucción de Putin y la extirpación de su movimiento dentro del sistema político ruso.
Para cerrar, lo que nos toca a nosotros, ¿cuál es nuestro interés nacional en esta contienda? Por empezar, ser constructores y trabajadores permanentes de la paz, que cuando ésta peligra ataca siempre a los más humildes, a los trabajadores.
Mientras la globalización parecía consagrarse en 1989 y se contenía al gigante euroasiático con desarrollo de China y Alemania, los intereses continentales de Estados Unidos acabaron por patear el tablero. El Repliegue de los Estados Nacionales ha llegado a su final.
Ahora los Estados pasaron a la ofensiva, mediando los acuerdos de aranceles como instrumento para la geopolítica. En un mundo donde liberar las importaciones es destruir el trabajo argentino, ¿qué oportunidades nos ofrece esta nueva prenda de paz?
#2 - Creadores informales de la riqueza
El ser humano, a través de su trabajo, dialoga con la creación, transforma la realidad y genera así nueva riqueza y crea cultura.
Alguna vez le preguntaron a Fernandez Madrid, una eminencia del derecho laboral argentino y colaborador en la redacción de la Ley de Contrato de Trabajo junto a Norberto Centeno y Justo López, cuál era su artículo favorito. La respuesta fue el número 4°, que dice en su segundo párrafo:
“El contrato de trabajo tiene como principal objeto la actividad productiva y creadora del hombre en sí. Sólo después ha de entenderse que media entre las partes una relación de intercambio y un fin económico en cuanto se disciplina por esta ley”.

La concepción humanista y cristiana del justicialismo impregnó de sentido el derecho del trabajo, que se concibe desde el desarrollo del proyecto de vida del trabajador y su familia, la justicia distributiva y el bien común.
Por el contrario, otras concepciones de raíz materialista conciben el trabajo como un costo del dinero o un medio para el desarrollo del Estado proletario.
Estas palabras iniciales tienen como sentido analizar los últimos informes sobre el denominado mercado de trabajo argentino por parte del INDEC y del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) del actual Ministerio de Capital Humano.
En el caso del INDEC, se informó que mientras los puestos de trabajo del sector privado formal cayeron un 0,6%, aumentaron los asalariados no registrados informales en un 0,8% y monotributistas y autónomos en 4,7%.
Al mismo tiempo, trabajamos más horas, con un aumento en el primer trimestre del 1,9% interanual, aunque quienes sufrieron más las consecuencias fueron los no asalariados (6,6%) por sobre los asalariados (0,3%).
Los sectores del trabajo con mayores caídas en el último trimestre en sus puestos de trabajo son los de la industria manufacturera (-3,1%), servicios sociales y de salud (-4,3%) y electricidad, agua y gas (-2,8%), con una reducción también de los denominados impuestos netos a la producción (subsidios-tributos) en el orden del 0,8% interanual.
Por parte del SIPA, se observan datos que contextualizan la destrucción del trabajo formal del sector privado como una política continuada desde hace más de diez años.
Entre el 2012 y 2024, los trabajadores monotributistas se incrementaron en un 56%, mientras que el empleo registrado formal del sector privado lo hizo en sólo un 3%, manteniéndose el PBI en forma constante.
Las nuevas circunstancias del mercado laboral, donde cada vez son menos los trabajadores amparados por derechos laborales, son consecuencia del estancamiento del sector productivo.
De la totalidad del crecimiento neto de trabajadores aportantes al régimen monotributista y autónomo entre 2011 y 2024, se informó que el 37% fue en relación de dependencia con el sector privado, en su mayoría del sector de servicios.
Las soluciones del sistema político se dividen entre quienes quieren aceptar la realidad y quienes quieren transformarla.
Por el lado de los aceptadores, están los que pretenden reconfigurar la economía nacional a las necesidades industriales de las potencias asiáticas o atlantistas. Según el acuerdo con el FMI firmado en 2022, se debía trabajar en una readecuación de las reglas laborales, fiscales y previsionales, que permitieran construir una economía ligada a la exportación de servicios “de conocimiento”, alimentos, minería e hidrocarburos.
En este sentido, según un último informe de CEPA, desde la asunción del gobierno en 2023 se profundizó el proceso desindustrial. Se destruyeron casi 105 mil puestos de trabajo, de los cuales 59 mil fueron en el sector de la construcción y 32 mil en el sector industrial.
Asimismo, por el lado empresarial, según el ARCA fueron 795 mil las firmas que dejaron de presentar facturación en forma permanente a partir de 2025, cuestión que se profundizó en febrero, marzo y abril en 110 mil, 125 mil y 187 mil, respectivamente.
Por el contrario, la concepción de una legislación laboral que proteja el trabajo como constructor del proyecto de vida del trabajador y su familia, es defendida principalmente por los sindicatos de la Confederación General del Trabajo.
Lejos de aferrarse a una legislación de otra época, se trata de defender las bases jurídicas de la construcción del pleno empleo al que aspiramos, única manera de resolver las injusticias sociales a las cuales todavía pretenden mal acostumbrarnos.
#3 - El Estadio para la Argentina
Este mes se firmó el contrato para que la Asociación del Fútbol Argentino utilice las distintas instalaciones del Estadio Único “Diego Armando Maradona”, para las distintas selecciones de fútbol masculinas y femeninas, mayores y juveniles.
El acuerdo inicial fue en el mes de diciembre de 2024, cuando se firmó el convenio marco con la Provincia de Buenos Aires, que otorgaba a la AFA sesenta días para presentar una propuesta final que reconvirtiera el Estadio Único en la nueva casa del Fútbol Argentino.
El Estadio Único platense cuenta con un predio entre las avenidas 32 y 526, 25 y la calle 21, y tiene capacidad de hasta 53 mil espectadores. En diciembre de 2020, fue rebautizado en honor a Diego Armando Maradona, quien había fallecido el mes anterior y había elegido la ciudad de las diagonales para transitar su última experiencia deportiva.

La novedad para toda la Argentina es que, por primera vez, contará con un estadio propio, donde además podrán entrenar sus deportistas.
La firma convive con un contexto novedoso para el fútbol argentino: vuelven los jugadores del plantel ganador del mundial de 2022.
La mayoría de ellos están en River: Armani, Montiel, Pezzela y Acuña. Los otros, Di María y Paredes, llegaron este mes a Rosario Central y Boca.
La calidad de nuestro fútbol nos posiciona como potencia internacional en el deporte.
La llegada de los campeones del mundo al fútbol local, junto con una casa del fútbol argentino para que la Selección entrene y juegue, abre la puerta de la esperanza sobre nuestros clubes, que enfrentan la difícil tarea de sobrevivir al individualismo de la última década.
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